Boletín Informativo N°10 | Febrero/abril 2008

Imprimir esta página Descarga el boletín completo en formato pdf

Investigación : ruta a la calidad

La producción científica, tecnológica y de innovación se ha convertido en un fuerte indicador de la calidad de las instituciones de educación superior en el mundo. En Colombia éstas hacen grandes esfuerzos por consolidar sus programas de maestría y doctorado, posicionar sus líneas y grupos de investigación y aumentar su número de publicaciones, proyectos y resultados. El Estado regula y apoya.

 

Ilustración

 

Las 100, 200 y 500 mejores universidades del mundo se encuentran principalmente concentradas en Estados Unidos y Europa, según el Ranking de Shangai, un conjunto de indicadores internacionales que mide la calidad de las instituciones de educación superior. América Latina figura entre las primeras 200 con tres instituciones y entre las 500 con siete: Universidad de Sao Paulo (No. 143), Universidad de Buenos Aires (No. 167), Unam de México (No. 186), Universidad de Campinas (No. 362), Universidad Federal de Río de Janeiro (No. 364), Universidad de Chile (No. 459) y Universidad Estadual Paulista (No. 462).

“El 90% de los indicadores que mide este ranking se basa en los premios científicos recibidos por los profesores y egresados (limitando el análisis a los Premios Nobel y al Premio de Matemáticas otorgado por la International Mathematical Union, Imu, cada cuatro años); el número de publicaciones en revistas indexadas, en Nature y en Science; y la posición que los profesores de la universidad tienen en el indicador de los científicos altamente citados (Highly Cited Scientists). El último 10% es un factor que busca controlar el impacto del tamaño de la universidad, al dividir los anteriores indicadores por el número de profesores de tiempo completo equivalente (indicador per cápita), señala el profesor Fernando Chaparro, integrante de la Comisión Nacional de Acreditación.

Si bien es cierto que la educación superior ha tenido como áreas misionales a la docencia, la investigación y la extensión, la tendencia a ajustarse a los indicadores tipo Ranking Shangai demuestra que la investigación se convierte cada día más en un sinónimo de calidad en el contexto internacional, al tiempo que aporta conocimientos aplicables al desarrollo de las naciones y a la solución de las problemáticas que les son inherentes.

Gracias a esa realidad, hoy puede hablarse específicamente de Universidades de Investigación, dentro de las cuales se encuentran dos categorías: “las Tradicionales, orientadas hacia la creación de conocimiento como su propósito fundamental o ideología dominante, y las Nuevas Universidades de Investigación, que ponen un creciente énfasis en generar innovaciones tecnológicas y sociales como una estrategia para construir el futuro”, razón por la cual también se conocen como universidades emprendedoras.

En los últimos años, América Latina se ha inclinado hacia el modelo de las Nuevas Universidades de Investigación y Colombia no se aleja de esa tendencia con instituciones como la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Antioquia, la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad del Valle y la Universidad de los Andes, que para 2005 contaban con el mayor número de grupos de investigación activos y registrados en el país, según cálculos del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología.

“Las principales características de este nuevo modelo son la creación de grupos de investigación de excelencia, con líneas de investigación claramente identificadas; programas de doctorado de alta calidad, basados en grupos de investigación en sus respectivos campos; una proporción importante de la población estudiantil vinculada a programas de postgrado (maestrías y doctorados); compromiso con la creación de conocimiento, lo cual va acompañado de la visibilidad de los resultados de investigación en publicaciones científicas indexadas y en revistas de impacto; el reconocimiento que reciben los profesores o egresados en términos de premios científicos; la capacidad para movilizar recursos financieros externos y diversificar sus fuentes de financiación; una relación estrecha con el sector productivo y con la comunidad circundante, como reflejo de un alto compromiso para generar innovaciones tecnológicas y sociales; la integración en redes internacionales de conocimiento, y, derivado de todo lo anterior, docentes de tiempo completo y con doctorado”.

Todos estos campos de acción que abarca la investigación tienen un impacto significativo en la docencia y la infraestructura. Que las instituciones cumplan con características como las enunciadas implica “que los maestros tengan una capacidad real de indagar en los problemas de sus disciplinas y de sus profesiones, puedan descubrir los modos cómo transita la ciencia en sus propios laberintos, renueven los espacios de construcción y apropiación del conocimiento, se articulen a redes y hagan parte de una comunidad científica”, señala la socióloga y magíster en sociología de la educación Myriam Henao Willes.

“Investigar para producir conocimientos adquirió para los docentes un nuevo sentido, ahora es una forma de pensar en la importancia de generar un bien común, de conquistar otro interés general, que nace y se reproduce en la universidad, como parte de su ética de responsabilidad social”, agrega.

Cuadro 1

Regulación nacional

Desde hace más de diez años, el Estado colombiano se ha asegurado de que la investigación en las universidades cumpla los estándares internacionales de calidad, al tiempo que garantiza que las instituciones de educación superior, cuya misión es la profesionalización, funcionen bajo condiciones óptimas. Ello es posible a través del Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, cuyo eje es la evaluación de los estudiantes, de los programas académicos de pregrado y postgrado que se ofrecen y de las instituciones como tales.

El Sistema tiene como organismos asesores al Consejo Nacional de Educación Superior, Cesu, a la Comisión Nacional Intersectorial para el Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, Conaces, y al Consejo Nacional de Acreditación, Cna.

El Cesu está conformado por representantes de los diferentes actores de la educación superior: docentes, estudiantes, instituciones, investigadores, sector productivo y Gobierno, y su función es asesorar a este último en la definición y seguimiento de las políticas de la educación superior.

La Comisión Nacional Intersectorial para el Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, Conaces, es integrada por una Sala General, de la que hacen parte representantes del Gobierno y la Academia; seis salas por áreas del conocimiento; una sala de maestrías y doctorados y otra de instituciones. Entre sus funciones están proponer políticas para el aseguramiento de la calidad de la educación superior y garantizar que los programas que se ofrecen cumplan para su operación con las Condiciones Mínimas de Calidad, lo cual los hace merecedores del Registro Calificado, requisito indispensable para poner en funcionamiento un programa académico.

Las condiciones mínimas de calidad establecidas por el Gobierno a través del Decreto 2566 de 2003 son: la denominación académica del programa, la justificación del mismo, sus aspectos curriculares, la organización de las actividades de formación por créditos académicos, la formación investigativa, la proyección social, la selección y evaluación de los estudiantes, contar con personal académico capacitado, con medios educativos, infraestructura, estructura académico administrativa, tener un proceso de autoevaluación previo, políticas y estrategias de seguimiento a egresados, oferta de bienestar universitario y recursos financieros.

De otro lado, al Consejo Nacional de Acreditación, Cna, están vinculados siete académicos de reconocida trayectoria, designados por el Cesu. El Cna asesora al Ministerio de Educación en materia de acreditación de alta calidad y, previa evaluación académica, emite conceptos para que el Ministerio expida las resoluciones de acreditación de alta calidad. El modelo de acreditación diseñado por el Cna contempla un número de indicadores que deben asegurarla alta calidad, tanto de instituciones como de programas académicos.

 

A noviembre del 2005, de los 367 programas académicos acreditados en el país, 127 eran del área de Ingeniería, Arquitectura, Urbanismo y afines, 59 de Economía, Administración, Contaduría y afines, 57 de las ciencias de la Salud, 50 del área de las Ciencias Sociales, Derecho y Ciencias Políticas, y el resto repartidos entre los demás campos del saber.

El modelo, aplicado y mejorado durante los 10 años de funcionamiento del Cna, ha sido tomado como ejemplo en otros países vecinos como Ecuador, Perú, Costa Rica y El Salvador. Constantemente, representantes de las instituciones de educación superior de países vecinos vienen a conocerlo y, también, los mismos consejeros realizan capacitaciones para públicos internacionales.

Finalmente, existen dos organismos de apoyo. Uno es el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior, Icfes, que diseña, aplica y analiza las pruebas de evaluación de los estudiantes. El otro es el Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colciencias, que establece estándares y categorías de calidad para los grupos de investigación, financia sus proyectos y estimula los programas de maestría y doctorado.

Énfasis de postgrado

En el ámbito internacional existen diversos enfoques para clasificar a las instituciones de educación superior. Uno de ellos es el de la Carnegie Foundation y la National Science Foundation, Nsf, que las divide en universidades que se concentran en otorgar doctorados (gradúan más de 20 doctorandos al año y tienen una importante inversión en investigación estrechamente relacionada con sus programas de postgrado); y universidades de maestrías y doctorados (con mayor concentración de programas a nivel de maestrías, tanto de investigación como de profundización y con más del 50% de sus estudiantes en la Escuela de Posgrados).

Según el profesor Fernando Chaparro, las universidades que se concentran en los doctorados se clasifican en las que cuentan con alto nivel de investigación (Research I), las de nivel mediano (Research II) y las de menor nivel de investigación (Research III). Entre tanto, las de maestrías se dividen en tres categorías según la cantidad de egresados al año: universidades grandes: que gradúan más de 200 magíster al año, universidades medianas: entre 100 y 199, y universidades pequeñas: que gradúan entre 50 y 99 magíster al año.

A la clasificación anterior, se suma la de las universidades profesionalizantes, con más del 50% de los estudiantes en programas de pregrado y menos de 50 magíster por año, cuya orientación es formar buenos profesionales para el mercado del trabajo; y las instituciones de educación superior especializadas, que tienen como misión concentrarse en un área de la ciencia.

Para evaluar a las Universidades de Investigación (las dos primeras), la Carnegie Foundation y la National Science Foundation establecieron como indicadores (Research Activity Index) la inversión total en investigación y capacidad de movilizar recursos financieros, los recursos humanos dedicados a investigación, el nivel de formación de los profesores, el número de doctores graduados en los últimos cinco años, el número de grupos de investigación con trayectoria reconocida, el número de artículos y otras publicaciones en revistas indexadas, así como el número de citas de profesores de la universidad, la importancia del aporte científico que los grupos de investigación de la universidad hacen a diversos campos del conocimiento; patentes, otras formas de propiedad intelectual y empresas intensivas en conocimiento que se han creado en los últimos cinco años (emprendimiento), y otros indicadores relacionados con la innovación y el impacto de la investigación.

Colombia, según sus capacidades, comparte algunos de estos indicadores, manifiesta la par académica Myriam Henao.

“En el proceso de evaluación de alta calidad suele analizarse la producción científica y tecnológica de excelencia que las instituciones logren demostrar. Ello significa responder a indicadores tales como número de docentes con formación de maestría y doctorado, número de publicaciones académicas, de grupos de investigación consolidados, de proyectos terminados y en curso, de tesis de grado elaboradas y la capacidad de la institución de sostener líneas de investigación y formación de maestría y doctorado para sus estudiantes”.

Ejemplos a imitar

La evaluación de las universidades en general y de las de investigación en particular ha marcado un avance fundamental en la calidad de la educación superior del país, explica Myriam Henao. En su opinión, ésta ha sido liderada con seriedad, rigurosidad y ha definido acciones que se enmarcan en patrones internacionales y que apuntan a que la formación académica e investigativa entre en una línea de excelencia. “No se pueden hacer concesiones en ese sentido, pues estamos en la sociedad del conocimiento y ello implica tener indicadores de alta calidad para ser reconocidos como interlocutores”.

A la evaluación de la calidad de las instituciones de educación superior se han sumado recientemente iniciativas del Ministerio de Educación Nacional y Colciencias para consolidar Universidades de Investigación en el país. Una de ellas fue la visita de un grupo de rectores de universidades colombianas al Instituto Tecnológico de Massachussets, Mit, de Estados Unidos, en noviembre de 2006, para dialogar con los especialistas de dicha institución sobre el desarrollo de recursos humanos (el capital humano que se requiere); la gestión y el gobierno de la Universidad de Investigación; el desarrollo de un espíritu de emprendimiento en la universidad; las relaciones con los sectores público y privado; la transferencia de tecnología y de conocimiento al sector productivo y a diversos tipos de usuarios del conocimiento; las estrategias de financiación de la Universidad de Investigación; el desarrollo de un entorno favorable (de políticas e incentivos), y el papel de un liderazgo comprometido.

Cuadro 2

Así mismo, académicos nacionales asistieron a un seminario de una semana en la Universidad de California en San Diego, Ucsd, para compartir experiencias sobre el papel de la Universidad de Investigación en la construcción de Clusters Regionales de Innovación en sectores estratégicos (concentraciones geográficas de compañías e instituciones interconectadas en un campo particular); el surgimiento del Cluster Regional de Biotecnología en el área de San Diego; el surgimiento del Cluster Regional de Informática en el área de San Diego; la transferencia de tecnología y de propiedad intelectual de la universidad al sector productivo y a otros usuarios del conocimiento; las estrategias de financiación y gestión financiera de la Universidad de Investigación; el papel de la financiación gubernamental, de los Fondos de Capital de Riesgo y de los “Angel Investors” en la financiación de la innovación y de la colaboración universidadempresa; el entorno socio-económico y de políticas; y el análisis comparativo de la experiencia de San Diego con experiencias de universidades e incubadoras de empresas de Brasil y México.

Frente a los aspectos abordados, Colombia está trabajando en la internacionalización del Sistema de Acreditación de Alta Calidad, lo que plantea a las instituciones adoptar estándares que le permitan medirse con sus pares en el mundo y disputar un lugar privilegiado en los ranking existentes.

 

* Texto elaborado a partir del artículo La universidad de investigación:
requerimientos e indicadores de calidad, del profesor
Fernando Chaparro, integrante de la Comisión Nacional de
Acreditación (Cna).

Siguiente

 

 

Arriba