Estudiantes que construyan país
El sector educativo está definiendo el Sistema Nacional de Servicio Social de la Educación Superior que, además de ser una estrategia de proyección a la sociedad, es una forma de ejercer la responsabilidad social que le compete a las instituciones de educación superior, según su razón misional.
Además de formar profesionales idóneos en campos específicos, las instituciones de educación superior forman ciudadanos que habrán de participar en el desarrollo económico y social del país, por ello el tema de responsabilidad social de las instituciones es una respuesta de la academia a la construcción de una nación basada en ideales democráticos y valores de solidaridad y equidad. El 18 de septiembre de 2007 tuvo lugar la Reunión Nacional de Rectores, cuyo tema central fue, precisamente, “Las universidades como agentes de responsabilidad social: a través del servicio social de la educación superior”. El servicio social se entiende como una práctica integral comprometida con la sociedad, es decir, un conjunto de actividades de carácter temporal que realizan los estudiantes de últimos semestres, mediante la aplicación de sus conocimientos, para permitirles una experiencia en un contexto social, cumpliendo a su vez con el compromiso moral que tienen para con la sociedad. El compromiso social de las instituciones de educación superior se circunscribe a tres aspectos: su misión como instituciones sociales, el principio de retorno del conocimiento y del apoyo recibido por parte de la sociedad, y el principio ético que las guía al ser formadoras de ciudadanos con conciencia social, sensibles a las desigualdades y a las condiciones adversas en las que vive buena parte de la población nacional. Desde el año 2005 el Ministerio de
Educación Nacional trabaja con organizaciones
como la Asociación Colombiana de
Universidades, Ascun, el Icetex, la Red
de Extensión Universitaria y la Comisión En el país ya se realizan actividades de servicio social obligatorio en áreas específicas como las Ciencias de la Salud, el Derecho o las Ciencias de la Educación, así como en algunos programas de Psicología, Trabajo Social o Comunicación Social. Para las dos primeras existen formas particulares de servicio social (rotaciones clínicas, internados, rurales; consultorios jurídicos, centros de conciliación), establecidas por ley o por tradiciones académicas. Algunos currículos y planes de estudio de las instituciones de educación superior ofrecen alternativas de servicio social como “Prácticas por Proyecto”, “Semestre Social” o “Práctica Social”, que se diferencian de las prácticas profesionales. Sin embargo, en la mayoría de los programas académicos no se ha previsto el servicio social dentro de los planes de estudio. De ahí la importancia de este sistema que ya se lleva a cabo en proyectos concretos.
Un componente del currículoDe acuerdo con Bernardo Rivera Sánchez, Director Ejecutivo de Ascun, el Sistema de Servicio Social Universitario ha sido creado con el objetivo principal de “aportar, desde la academia, al mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades con mayores necesidades sociales y situaciones de inequidad”. Para ello se han esbozado algunos principios orientadores. Entre estos principios están la necesidad de preservar la autonomía de las instituciones de educación superior, promoviendo su participación en el Sistema a través de incentivos, y la articulación de sus funciones misionales -Investigación, Docencia y Extensión- con la proyección social. Otros principios son: la intervención integral de las instituciones en el sistema y la necesidad de trabajo en red, propiciando alianzas entre las organizaciones comprometidas, el encuentro entre el Estado, la comunidad y las instituciones de educación superior; |
y la implementación progresiva del Sistema Nacional del Servicio Social, a través de constantes procesos de evaluación y planeación. Así mismo, el Sistema requiere una referencia curricular de los programas de servicio social dentro de los programas académicos y el desarrollo de diversas modalidades de trabajo. También, que su implementación se lleve a cabo a partir de niveles avanzados de formación para hacer más profesional la intervención en los entornos sociales. El funcionamiento y la eficacia de este sistema exigen la sistematización de las experiencias emprendidas, así como la continuidad de las intervenciones en la comunidad por parte de las instituciones. Para ello es necesaria la coordinación entre los actores implicados (las instituciones, el Estado y la comunidad), así como la consecución de diversas fuentes de financiamiento que garanticen la solidez y permanencia de los programas de servicio social. Estos principios y estas exigencias se concretan a partir de tres estrategias claramente definidas por el Sistema Nacional del Servicio Social. La primera consiste en el desarrollo de programas a partir de la identificación de demandas sociales en sectores concretos del territorio nacional; la segunda se despliega a través de proyectos inscritos dentro de ofertas institucionales concretas; y la tercera se basa en proyectos sustentados por fondos de financiamiento específicos. Los programas emprendidos desde el Sistema Nacional del Servicio Social se caracterizan por su emplazamiento en una localización geográfica puntual, que involucra a las instituciones de educación superior de la región comprometida. Así mismo, precisan de la voluntad institucional, de modo que permitan explorar el desempeño de los estudiantes, de la comunidad, de las instituciones, y de los organismos del Estado y la sociedad civil. Un ejemplo claro de las posibilidades del Sistema Nacional del Servicio Social de la Educación Superior lo constituye la experiencia piloto que ha emprendido la Comisión Nacional para la Reparación y la Reconciliación, Cnrr. Se trata de un programa de atención a las víctimas de la violencia en el departamento del Atlántico, el cual involucra a las universidades Metropolitana de Barranquilla, del Norte, del Sinú, de Cartagena, Libre, Autónoma de Occidente y San Buenaventura. Este programa ha incorporado a 85 estudiantes de diversos programas académicos, a través de líneas de trabajo de base social y del campo de la salud. Al interior del mismo se han desarrollado estrategias como la organización de un Foro por la Vida, la identificación de imaginarios de reconciliación y la instauración de espacios de mediación en ámbitos educativos. Experiencias como estas se multiplicarán con el desarrollo e implementación del Sistema Nacional del Servicio Social. Así, el desafío para todos los comprometidos en este proceso es asumir y enfatizar el rol social de la educación superior y enfocar la formación profesional de los estudiantes hacia el perfil ético de un ciudadano que se interesa por interactuar con la realidad para alcanzar el crecimiento y desarrollo de Colombia.
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