INDIA Y CHINA:
DOS CASOS CURIOSOS
Son dos casos con características bien distintas, sin duda. Pero ambos, desde finales de la década del noventa, empezaron a registrar aumentos más que notables de su cobertura en educación superior.
La disparada de China
En la década del ochenta, sólo un 2% al 3% de los graduados de secundaria chinos ingresaban a la universidad. En 1999, ese promedio llegaba casi al doble, y en el 2003 se había disparado ya a un contundente 17%. Como si fuera poco, el número de estudiantes de doctorado, que en 1998 era de 14.500, saltó en el 2003 a 48.700.
¿Cómo lo han hecho? En la versión de The Economist (ver en el suplemento especial “The Brains Business. A Survey of Higher Education”, The Economist, september 10th – 16th, pp. 14-16, 2005), lo que hay detrás es un gigantesco esfuerzo de transferencia de tecnología: con miras a competir en industrias sofisticadas, los chinos están reproduciendo en las universidades de su país lo mejor de las universidades occidentales; y han emprendido convenios de asociación con las universidades extranjeras, del mismo modo como lo hacen sus compañías con las foráneas. La inversión del gobierno central, sobre todo en investigación, y en determinadas universidades, ha sido enorme.
India, también, vio cómo en la década de los años noventa el número de sus estudiantes en educación superior prácticamente se duplicó: pasó de 4.9 millones a 9.4. Del 2004 al 2005, el sector recibió 10.481.000 estudiantes (en el período inmediatamente anterior la cantidad había sido de 9.954.000). Esto ocurrió a pesar de que el país se debate entre la insuficiencia de fondos del gobierno para financiar el crecimiento en educación que desearía, y la imposibilidad de tomar la decisión política de gravar a sus estudiantes con costos realistas. Sin embargo, India tiene al menos dos puntos a su favor: por un lado, un grupo de enorme prestigio de instituciones elite de educación superior, en las que el país ha invertido durante décadas, y el auge reciente de su sector privado.
Habría que resaltar el papel significativo que cumple la diversificación de la oferta, y en este sentido llamar la atención sobre el Sistema de Educación Abierta, concebido para democratizar el sistema de educación superior: en 1985 el gobierno central creó la Universidad Abierta Nacional Indira Ghandi, cuya cobertura registra aumentos notables: de 4.000 estudiantes en 1997 se pasó a 1.600.000 en 1998 y a 3.600.000 en el 2005 (ese año, la Universidad ofreció un total de 101 programas académicos).
OTROS CASOS
Australia
La cobertura de la educación superior en Australia registra también un crecimiento considerable: según el Departamento de Educación*, en ocho años, de 1996 al 2004, el aumento fue de un 49%. En ese período, la tasa de ingreso de los estudiantes nacionales creció un 23%, y la de estudiantes extranjeros pasó de un 8% (1996) a un 24% (2004). La inversión del país en el sector también se ha incrementado: en el 2002, la inversión en investigación y desarrollo representó un 0.45% del PIB, esto es, un aumento del 22.9% frente al 2000. En el 2004, un total de 362.092 estudiantes iniciaron estudios de educación superior en el país. El sector es también un importante generador de empleo: con un crecimiento del 11.3% entre 1996 y el 2004, el sector empleaba a 87.658 personas.
* Ver “Higher Education Report 2004–05”, Australian Government, Department of Education, Science and Training,
en: www.dest.gov.au/sectors/higher_education/
Región Asia Pacífico
El crecimiento de la cobertura de la educación superior en los países de la región ha sido generalizado: notable en China, India y Australia, cuyo desempeño ya se reseñó, pero extensivo también a Bangladesh, Indonesia, Japón, República de Corea, Nueva Zelanda, Pakistán, Filipinas, Vietnam. Y el caso de Camboya, que amerita cifras aparte: en 1990 ingresaban al sector 6.659 estudiantes; en el 2002, ese número había saltado a 43.210.
ARGENTINA Y CHILE: NUEVAS LEYES Y SISTEMAS DE FINANCIACIÓN
Argentina aprobó recientemente una ley que reafirma la importancia que por tradición este país le ha atribuido a la formación técnica y tecnológica, no sólo como un mecanismo idóneo para aumentar cobertura y combatir la deserción estudiantil, sino como un proyecto de país. Chile, por su parte, y entre otras, tiene para mostrar un interesante sistema de financiación de la educación.
Argentina estrena ley de educación técnica y formación profesional
(El texto completo de la ley 26.058, de educación técnico profesional, se puede consultar en http://infloleg.mecon.gov.ar, y la justificación y comentarios de su gestor, el ministro de Educación Daniel Filmus, en la edición del 9 de junio de 2005 del diario Clarín)
Promovida por el Ministerio de Educación, y fruto del debate con autoridades provinciales, gremios y empresarios, docentes y expertos, la nueva Ley, sancionada en septiembre del 2005, se presentó como un proyecto imprescindible para construir un modelo de desarrollo basado en la capacidad de agregar valor a partir del trabajo de los argentinos. Sus gestores creen que la nueva Ley contempla los principales retos que debe encarar la educación técnica en el siglo xxi:
La creación de un fondo para financiar la renovación tecnológica de las escuelas con el fin de que profesores y alumnos actualicen sus conocimientos y los vinculen a la realidad. Al énfasis en las competencias técnicas se debe sumar una sólida formación académica que le garantice a los jóvenes, además de la posibilidad de trabajar, la de continuar sus estudios superiores: las escuelas técnicas en Argentina ya no serán instancias de educación terminal, y además deberán desarrollar en los estudiantes la capacidad crítica necesaria para participar en la transformación de la sociedad. Este tipo de formación no responderá exclusivamente a las necesidades cambiantes del mercado de trabajo. En las escuelas técnicas se deberán adquirir competencias que vayan más allá de cualquier contingencia: aprender a aprender, aprender a trabajar en equipo, comprender la lógica del proceso productivo, aprender a tomar decisiones, a crear e innovar. Fundamental la convicción y el consiguiente desafío de que estas escuelas deberán estimular la capacidad de gestionar, emprender, asociarse: no sólo formarán técnicos, sino emprendedores capaces de crear para ellos mismos, y para otros, puestos de trabajo. La Ley, por último, crea una instancia federal para la homologación de certificaciones técnicas, y prevé la vigencia de un Consejo Nacional de Educación y Trabajo, integrado por representantes de los trabajadores, los empresarios y los sindicatos docentes, con el fin de generar un espacio de diseño y seguimiento de las estrategias del sector.
La nueva Ley responde, en primer término, a la idea de que un modelo de país se define a través de su sistema educativo, y que éste volverá a ser el sustento de la movilidad social y de la construcción de una sociedad más productiva y justa. Cobertura en Chile y sistema de financiamiento
La matrícula de la educación superior en Chile asciende ya a 600 mil estudiantes. La meta es duplicar esa cantidad en los próximos diez años. La nueva Ley de Financiamiento de la Educación Superior de ese país, promulgada en junio del 2005, pretende contribuir a esa meta beneficiando en el 2006 a 10 mil estudiantes más. Las voces críticas temen que se esté privilegiando la financiación de aquellas carreras con mayores posibilidades de moverse en el mercado, en desmedro de las otras, y agregan que se podría estar vulnerando el criterio de equidad.
Chile cuenta en la actualidad con tres sistemas de financiamiento a la demanda de la educación superior. Éstos se dirigen a los diferentes grupos de estudiantes según su ingreso económico y al tipo de institución a la que pertenecen (universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica, públicos o privados). Al Crédito Solidario, uno de largo plazo, pueden acceder quienes estén matriculados en las instituciones de educación superior que pertenecen al Consejo de Rectores. Se trata de un fondo que anualmente cuenta con recursos provenientes del Estado, de las ies adscritas al Consejo de Rectores, y de los pagos por recuperación de créditos. La Corporación de Fomento de la Producción (corfo), por su parte, es una entidad que otorga préstamos a los bancos comerciales para que éstos, a su vez, entreguen créditos estudiantiles a una tasa de interés del 3% y 4% anual. corfo actúa también como garante ante los bancos. Y para atender a la población que los anteriores sistemas de crédito no cobija, está el modelo de financiación aprobado por la ley 20.027: las instituciones financieras ofrecen créditos a los estudiantes, el Estado recompra la cartera de éstas y emite un título que es negociado en el mercado de capitales. Los recursos obtenidos de esa titularización financian a los estudiantes que al año siguiente ingresan a la educación superior. |