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Editorial
Los niveles de cobertura de Colombia en Educación Superior están lejos de los retos que plantean sus necesidades de desarrollo y el bienestar de su población: en el 2002 solamente uno de cada cinco jóvenes entre 18 y 23 años estaba cursando algún programa de educación superior. Es por esto que uno de los retos más grandes de la Revolución Educativa en estos últimos cuatro años ha sido el de facilitar el acceso de la población estudiantil, especialmente la menos favorecida, a la educación superior y promover estrategias que contribuyan a que quienes ingresen al sistema permanezcan en él y culminen con éxito el nivel de educación que hayan elegido. De ahí que con la participación activa de las instituciones de educación superior, el Gobierno haya concebido e implementado mecanismos que desde diferentes frentes estratégicos orientan sus esfuerzos y se complementan con miras a diversificar, ampliar y desconcentrar la oferta de la educación superior en el país, de tal manera que hoy, uno de cada cuatro jóvenes cursa algún programa de educación superior.
La matricula pasó de un millón 148 en el último semestre del 2002 a un millón 212.037 en el 2005. Esto significa un aumento del 21,2% en la matrícula total. A esto contribuyeron diversas estrategias.
El fortalecimiento de un sistema de créditos orientado a la población más vulnerable es uno de esos frentes: entre el 2003 y el 2005, el Programa de Acceso con Calidad a la Educación Superior (acces), del Icetex, legalizó 58.938 créditos a estudiantes. En este programa se está realizando una inversión de 99 mil 540 millones de pesos. Gracias a los créditos, han accedido al sistema y se han mantenido en él muchos estudiantes que de otra manera habrían quedado excluidos.
Adicionalmente, desde el Programa Nacional de Nuevas Tecnologías se ha promovido y extendido el buen uso de las tecnologías de la información y la comunicación (tic), hoy en día un instrumento de gran ayuda para ampliar y diversificar la oferta tanto de la educación superior presencial como a distancia. Promover el uso de estas tecnologías ha sido fundamental para que las instituciones emprendan un proceso de renovación de sus programas, y extiendan su cobertura. Para facilitar el acceso, se ha impulsado la creación de los Centros Regionales de Educación Superior (ceres), que hoy permiten el acceso al sistema a poblaciones de 82 municipios ubicados en regiones dispersas y distantes del territorio colombiano. Sus habitantes no tenían antes otra posibilidad que desplazarse a los centros si querían acceder a una formación profesional.
En la búsqueda de una mayor articulación de la educación superior con las necesidades regionales de desarrollo, está en marcha el proyecto “Fortalecimiento de la Educación Técnica y Tecnológica”, que armoniza la educación media y superior, y busca una formación profesional de calidad que responde a los requerimientos del mundo globalizado y contribuye a mejorar los niveles de ingreso y la calidad de vida de los ciudadanos. Al igual que los ceres, el proyecto “Fortalecimiento de la Educación Técnica y Tecnológica” parte de las vocaciones regionales, impulsa así su desarrollo y por consiguiente el del país. En el Proyecto confluyen los esfuerzos conjuntos del sector productivo, las instituciones de educación superior y media y los gobiernos regionales y nacional.
Otro aspecto importante de resaltar es la formación por ciclos propedéuticos, que, a través de una oferta más flexible, no sólo contribuye a mejorar el acceso sino también la permanencia del estudiante, pues permite la movilidad entre los niveles de educación y facilita la vinculación laboral al final de cada ciclo, dejando la puerta abierta para que pueda retornar a la educación superior.
Pero todo esto es sólo un paso en la dirección correcta. El camino por recorrer es largo. Por esto, en la segunda versión del documento “Visión Colombia 2019”, estamos proponiendo unas metas que respondan en forma efectiva a las necesidades de desarrollo y bienestar de la población: que la mitad de los jóvenes entre 18 y 23 años estén cursando algún programa de educación superior y que el 60% de éstos esté cursando un programa de formación técnico profesional, tecnológica o por ciclos propedéuticos; y que estos programas sean de la calidad que se requiere para garantizar un buen desempeño de los graduados durante su vida profesional. |