La deserción estudiantil se puede definir como el proceso de abandono, voluntario o forzoso, del programa académico en el que se matriculó un estudiante. Este fenómeno obedece a causas, internas y externas, que involucran factores personales, familiares, socioeconómicos, culturales e institucionales. Se relaciona también con aspectos como el ausentismo, el retiro forzoso y la repitencia, la cual, cuando es recurrente, conduce al abandono definitivo de los estudios.
La deserción estudiantil tiene serias consecuencias: sentimientos de frustración en los estudiantes, baja eficiencia del sistema de educación superior y dificultades en el cumplimiento de la función social de la educación, particularmente como herramienta de equidad social y pérdida de recursos estatales, institucionales y familiares; su costo ha sido estimado en US$11.1 billones de dólares al año en quince países de América Latina y el Caribe, según cálculos de la IESALC.
Dimensión de la deserción estudiantil
en Colombia
Debido a su naturaleza, existen diferentes visiones y conceptos sobre este problema, y en consecuencia, diversas formas de explicarlo y medirlo. Si la deserción se define como la cantidad de estudiantes que abandona el sistema de educación superior entre un período académico y otro, se puede calcular como el balance entre la matrícula total del primer período, menos los egresados del mismo, más los alumnos reintegrados en el período siguiente, del que se desprende el nuevo estado ideal de alumnos matriculados sin deserción.
De acuerdo con lo anterior, en Colombia la tasa anual de deserción estudiantil de pregrado disminuyó: de un 16.5% en el primer semestre del 2003 pasó a un 13.4% en el primer semestre del 2005. Por consiguiente, para este período la tasa de retención aumentó de un 83.5% a un 86.6%; es decir, 30.023 estudiantes que habrían desertado, permanecieron en el sistema.
Si la deserción se mide por cohortes, uno de cada dos estudiantes que ingresan no culminan sus estudios. El seguimiento de la cohorte permite determinar cuántos estudiantes se gradúan del número total que ingresan en un mismo período.
El comportamiento del fenómeno de la deserción en otros países, y sus índices, es similar a lo que acontece en nuestro país. La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de México –ANUIES– estimó a finales de los noventa que el 60% de los estudiantes que ingresan a una carrera egresa de ella, y que la eficiencia terminal (el promedio de los que completan sus estudios en el tiempo estipulado) es del orden del 40%. Así mismo, en España las tasas de abandono oscilan entre el 30% y el 50% (similares a las de Francia y Austria), y en Alemania y los Países Bajos, están entre los rangos de 20% a 25% y 20% a 30%, respectivamente. Algunas causas de la deserción
Colombia no cuenta con información suficiente que ilustre la dimensión del fenómeno, razón por la cual documentar la problemática es acción prioritaria del proyecto “Estrategias para Disminuir la Deserción en Educación Superior”, que promueve el Ministerio de Educación Nacional. Como parte de éste y por solicitud del Ministerio, el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, CEDE, de la Universidad de los Andes, lleva a cabo desde 2005 un estudio para identificar y ponderar determinantes de la deserción estudiantil en pregrado.
La metodología del CEDE ha sido aplicada a 33 instituciones de educación superior, donde la problemática ha sido frecuente. Los desarrollos obtenidos muestran que durante el período 1998–2004, el riesgo de deserción es mayor en los primeros semestres: el 80% de los estudiantes permanece en cada una de las cohortes al culminar el segundo semestre; en quinto semestre, ese promedio se reduce al 60%, y comienza a disminuir hasta llegar a un 44% en décimo semestre, es decir, este porcentaje equivale al número de estudiantes que habiendo ingresado se graduaron en el tiempo estipulado. En el grupo de instituciones con las que se lleva a cabo el estudio, la tasa de permanencia de los estudiantes ha mejorado, especialmente en los semestres en los que el riesgo de deserción es mayor.
Otros estudios han sido llevados a cabo entre 2002 y 2005 por instituciones como la misma Universidad de los Andes, la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Tecnológica de Pereira. A través de sus resultados se pueden encontrar indicios sobre causas o factores determinantes de la deserción estudiantil, tales como: condiciones socioeconómicas, tanto del estudiante como del grupo familiar (lugar de residencia, nivel de ingresos, nivel educativo de los padres, estudios y trabajos simultáneos); aspectos individuales (sexo, edad, aptitudes y habilidades, grado de satisfacción y orientación al elegir la carrera, expectativas al egresar de la carrera de cara al mercado laboral, dificultades personales de integración y adaptación, dedicación del alumno); aspectos académicos (formación académica previa, nivel de aprendizaje adquirido, capacitación de los docentes); y aspectos institucionales (normatividad, flexibilización curricular, uso de nuevas tecnologías, modelos pedagógicos y de evaluación inadecuados, disponibilidad de programas de apoyo a estudiantes con distintas características).
El estudio del CEDE también señala que el riesgo de deserción de los hombres es un 22% más alto que el de las mujeres, y más bajo en los estudiantes de mayor edad. El estudio de la Universidad Tecnológica de Pereira muestra que el 33.8% de un grupo de desertores, identificó las dificultades económicas como la causa de su retiro, lo que coincide con el impacto del mercado laboral en la permanencia del estudiante. Los individuos que se enfrentan a tasas de desempleo más altas tienen un riesgo de desertar 27% mayor que quienes se encuentran en un mercado laboral más favorable.
Como se esperaba, los resultados señalan también que los estudiantes con mejor desempeño en las pruebas de Estado presentan un menor riesgo de deserción que los que registran los puntajes más bajos. Sin embargo, esta diferencia es pequeña, lo que evidencia que otros factores como las aptitudes y habilidades, la dedicación al estudio, la metodología de enseñanza y los programas de apoyo inciden en el desempeño académico.
En cuanto a las variables institucionales, el riesgo de deserción en los estudiantes que asisten a instituciones públicas es un 54% menor que el de los que asisten a instituciones privadas. Por otra parte, los resultados indican que los programas de apoyo, tanto de las instituciones de educación superior como del Gobierno Nacional, tienen un efecto considerablemente positivo en la retención. El riesgo de la deserción en los estudiantes que participan en un programa de ayuda financiera es un 35% más bajo que en los que no gozan de este tipo de ayuda. También es menor el riesgo (en un 53%) de las personas que se benefician de otros programas de apoyo –ayuda académica, terapia psicológica y orientación profesional–. Por otra parte, los estudiantes que cuentan con créditos de largo plazo del Icetex enfrentan un riesgo de deserción un 35% menor que los estudiantes que no gozan de este beneficio. Información: factor determinante
Dada la variedad y complejidad de las causas de la deserción, es indispensable que las instituciones de educación superior dispongan de información relevante por estudiante. Éste es el punto de partida para analizar el problema de manera acertada, medirlo adecuadamente y hacerle seguimiento. Con el fin de acompañar este esfuerzo, el Ministerio de Educación, por medio del CEDE de la Universidad de los Andes, desarrolló una herramienta informática cuya metodología facilita a las instituciones de educación superior el seguimiento individual y por cohortes de los estudiantes, y hace posible obtener resultados sobre las posibilidades de permanencia de los estudiantes en la institución, teniendo en cuenta el programa académico y el nivel de formación, así como el impacto de los programas de apoyo que ofrecen las instituciones.
La herramienta se instaló, en una primera etapa, en las 33 instituciones de educación superior que facilitaron información sobre las causas del fenómeno, y se cuenta ya con resultados individuales. El propósito es que su uso se extienda a todas las instituciones, y haga posible un seguimiento unificado y compartido –no excluyente– para el sector.
La prevención del fenómeno de la deserción debe comenzar desde el ingreso de cada estudiante a la institución de educación superior, y continuar a lo largo de sus estudios. La herramienta con la que cuenta el Ministerio y el sector permite que, mediante el análisis de las condiciones socioeconómicas y académicas del estudiante, las instituciones puedan determinar el riesgo y las posibles causas de deserción de cada individuo para así tomar las medidas preventivas del caso.
Como otra forma de apoyar al sector, el Ministerio está identificando experiencias desarrolladas por las instituciones de educación superior que hayan tenido impactos positivos en la disminución de la deserción. En el Encuentro Internacional sobre Deserción en Educación Superior, que se realizó en abril del 2005, se presentaron experiencias nacionales e internacionales; este año se firmarán convenios para motivar la adopción de las buenas prácticas y propiciar un aprendizaje conjunto y continuo entre los involucrados en el sector.
Adicionalmente, en el marco de las políticas de ampliación de cobertura del Ministerio de Educación, se acogen a este propósito iniciativas como el proyecto ACCES; la adopción de un sistema de créditos académicos y por ciclos que flexibiliza la estructura curricular y propicia la continuidad y movilidad de los estudiantes; y el sistema de calidad de la educación, el cual incluye el Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la educación superior, la evaluación de los estudiantes desde primaria hasta la educación superior y el Observatorio Laboral para la Educación.
Si se quiere lograr un verdadero impacto en la disminución de la deserción, es igualmente importante que las instituciones, por su parte, eviten los esfuerzos aislados, menos efectivos y más costosos, y aborden de manera integral el problema, en concordancia con sus políticas de calidad y bienestar. Es relevante también que revisen sus reglamentos para evitar la rigidez y salvaguardar la calidad –selección, admisión, movilidad, salida, reintegro y titulación de estudiantes– y que atiendan permanentemente la formación de docentes, no sólo en los conocimientos de sus áreas respectivas, sino también en el método pedagógico, en el sistema de evaluación, en el manejo de tecnologías y el acercamiento a los estudiantes, y en la disponibilidad de recursos y procedimientos para la operación de los programas de apoyo.
Enfrentar con éxito la deserción estudiantil es posible si toda la comunidad educativa se involucra. Tanto padres de familia como estudiantes pueden contribuir a la disminución de este problema, principalmente mediante el acopio de información sobre la institución de educación superior, el contenido curricular del programa académico, las posibilidades laborales, los costos y la financiación. Otro aspecto para tener en cuenta es la correspondencia entre la vocación, la capacidad y el potencial del individuo y el programa académico seleccionado. Además de evaluar los requisitos académicos, cognoscitivos y de competencias personales, se debe contemplar (autoevaluar) la compatibilidad de las capacidades, aptitudes e intereses, así como de personalidad y motivación, con el perfil de la carrera.
La retención estudiantil se empieza a asumir de manera integral a partir de una perspectiva compartida y un esfuerzo conjunto por parte de quienes participan en el sistema de educación superior del país. |