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Ese concepto competencias, cuya materialización tuvo en principio un trasfondo netamente laboral, está incidiendo de un modo definitivo en la transformación de la educación en general. La historia de las competencias es larga: se empezó a hablar de ellas al menos hace cien años, cuando Inglaterra y Alemania buscaron precisar las exigencias que debían cumplir quienes aspiraban a obtener una certificación oficial para ejercer oficios específicos. Era relativamente fácil: para ejercer un oficio concreto se debían tener unos conocimientos precisos que, aplicados de manera idónea, facultaban a ese alguien para desempeñarse en ésta u otra labor. Tener unos conocimientos determinados y aplicarlos en ciertos contextos con destreza. Con los años, el criterio habría de ampliarse hasta tocar el ámbito de la educación. El proceso de transformación que ésta emprendió, y en el que en la actualidad se empeña, parte, precisamente, de ese viejo y sencillo concepto: el de las competencias.
Al mismo tiempo, una vez éste hace su entrada en el mundo de la educación, gana en perspectiva, amplía su horizonte, se enriquece y se hace mucho más complejo: las competencias siguen dando cuenta de un saber, y de un saber hacer, pero ahora también de un saber ser, y todo esto en un espectro más vasto: la nueva sociedad del conocimiento, el mundo profesional, el laboral, el mundo ciudadano, la cotidianidad. Educación y competencias se confabulan para garantizar una formación que se prolonga a lo largo de la vida, una formación que no es excluyente, que anula las dicotomías, tiende puentes entre mundos, conocimientos y etapas percibidos antes como independientes entre sí. El viejo y sencillo concepto, de mano de la educación, se convierte en un conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas, aptitudes y actitudes que, relacionados entre sí, permiten al individuo argumentar, interpretar, proponer y actuar en todas sus interacciones a lo largo de su vida.
Se habla entonces de unas competencias que cumplen con abarcar ese espectro amplio de la vida en ejercicio, desde sus niveles más básicos hasta los más complejos: se habla de las competencias laborales, profesionales, científicas ciencias naturales y sociales, ciudadanas, y de unas competencias básicas comunicativas, matemáticas, cimientos que deben estar ahí desde la etapa de formación más temprana, evolucionar a lo largo de la vida y servir de soporte y apoyo al desarrollo de las demás.
Estándares básicos de competencias
¿Cómo facilitar el aprendizaje, el desarrollo, y sobre todo la integración de las competencias identificadas para una educación a lo largo de la vida?, es la pregunta fundamental que se hacen quienes creen en las virtudes de una formación basada en competencias. El Ministerio de Educación respondió a esta pregunta con la definición y divulgación de unos estándares básicos de competencias en las diversas áreas y niveles de la educación básica y media. Estos estándares son criterios claros y públicos que permiten conocer lo que las generaciones que se están formando deben aprender, y establecen el punto de referencia de lo que se espera estén en capacidad de saber y saber hacer en cada una de las áreas y niveles. Se fijaron así los estándares básicos de competencias en ciencias naturales y sociales, matemáticas, lenguaje, en formación ciudadana. Los estándares se articulan en una secuencia de complejidad creciente y se agrupan en conjuntos de grados: de primero a tercero, de cuarto a quinto, de sexto a séptimo, de octavo a noveno y de décimo a undécimo, de modo que queda claro lo que los estudiantes deben saber y saber hacer al término de su paso por cada conjunto de grados. Los estándares son también una herramienta privilegiada para la evaluación: propician la reflexión que sobre su trabajo hacen las instituciones que los aplican, contribuyen a que ellas mismas evalúen su desempeño, promuevan prácticas pedagógicas creativas y diseñen planes de mejoramiento.
Otra muestra del carácter integrador del sistema de formación por competencias: el principio que anima esta iniciativa en la educación básica y media, así como su criterio metodológico, no distan mucho del que motiva y encauza el trabajo de revisión emprendido también por el sector de educación superior.
Un proceso educativo integrado
Como factor de articulación en todos los niveles del proceso educativo, las competencias tienen varias funciones:
- 1 Introducen una dinámica común en la que no basta que en el proceso formativo se adquieran conocimientos; es imperativo poner dicho conocimiento en acción. El estudiante, y por supuesto también el docente, deben ser capaces de aplicar sus conocimientos en contextos determinados, deben saber sortear situaciones novedosas a partir de un marco conceptual y práctico previamente adquirido.
- 2 Facilitan la identificación de los aspectos sustanciales de cada tipo de formación; de esta forma es posible distinguir entre las competencias que se espera tenga una persona en cada nivel o tipo de formación. Por ejemplo, las competencias para resolver problemas abstractos a partir de números son diferentes para el estudiante de grado 9º, para el estudiante de grado 11, para el egresado del programa de Ingeniería y para el egresado del programa de Artes. Así mismo permiten diferenciar las competencias de un licenciado en Química, Física o Filosofía, de las de un químico, un físico o un filósofo.
- 3 Allanan la movilidad entre los distintos niveles y tipos de formación. El numeral anterior señalaba cómo las competencias sirven para distinguir un perfil de otro; esta diferenciación, antes que ser excluyente, facilita la movilidad entre los distintos niveles y tipos. Por ejemplo, se sabe qué esperar del estudiante de formación media que desea ingresar a la educación superior, y en caso de no contar con las competencias requeridas, se puede iniciar un proceso de refuerzo. Contribuye también a la movilidad por ciclos propedéuticos, pues permite saber qué grado de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes se esperan como condición para finalizar un ciclo y para iniciar el otro. Así mismo, permite identificar los aspectos en los que el licenciado debe reforzar su formación para desempeñarse como físico, químico o filósofo en el caso de las áreas arriba expuestas, o las competencias que éstos deberían fortalecer para poder ser tenidos como licenciados en sus respectivas áreas.
- 4 Facilitan la actualización permanente de los titulares de las competencias. En un entorno cambiante como el actual, los titulares de las competencias deben estar siempre en condiciones de ampliar, adecuar o adquirir unas nuevas, según las necesidades que el entorno imponga o los aspectos por los que el titular opte
COMPETENCIAS CIENTÍFICAS
El propósito de los estándares en ciencias naturales y sociales es propiciar el desarrollo de las habilidades científicas y de las actitudes requeridas para explorar hechos y fenómenos; analizar problemas; observar y obtener información; definir, utilizar y evaluar diferentes métodos de análisis, compartir los resultados, formular hipótesis y proponer soluciones, es decir, comprender para, si es el caso, poder transformar su propia realidad.
COMPETENCIAS CIUDADANAS
Conjunto de conocimientos, actitudes y habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas que, articuladas entre sí, hacen posible que el ciudadano actúe de manera constructiva en una sociedad democrática.
Los estándares en competencias ciudadanas establecen lo que se debe saber y saber hacer para interactuar de tal manera que se promuevan la convivencia y el respeto, la promoción de los derechos humanos, la toma de decisiones cada vez más autónomas y la realización de acciones que reflejen una mayor preocupación por los demás y contribuyan al bienestar común.
COMPETENCIAS LABORALES
Conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que aplicadas o demostradas en situaciones del ámbito productivo, tanto en su empleo como en una unidad para la generación de ingreso por cuenta propia, se traducen en resultados efectivos que contribuyen al logro de los objetivos de la organización o negocio.
Desarrollar competencias laborales en los estudiantes contribuye a su capacidad para conseguir trabajo, mantenerse en él y aprender elementos propios del mismo, así como para propiciar su propio empleo, asociarse con otros y generar empresas o unidades productivas de carácter asociativo y cooperativo.
El desarrollo de competencias se constituye en la base de la certificación laboral y de la modernización productiva. En la formación de estas competencias deben participar los empresarios, trabajadores y gremios, desde la estrategia de identificación de las competencias hasta la formulación de los procesos de enseñanza / aprendizaje.
Dentro de las competencias laborales se encuentran las profesionales, aquellas que posibilitan desempeños flexibles, creativos y competitivos en un campo profesional específico, e impulsan el mejoramiento continuo del ser, del saber y del hacer. Éstas «deben potenciar y hacer posible desempeños competitivos, flexibles y creativos, y deben preparar al individuo para la profesión, la sociedad, la familia y también para el trabajo, pero no exclusivamente para éste. El profesional de hoy tiene una alta probabilidad de verse obligado a asumir distintas ocupaciones a lo largo de su vida en las que habrá de demostrar desempeños competitivos; necesitará ser consciente de sus conocimientos y de la forma de ponerlos en práctica en tareas y ocupaciones complejas y cambiantes. El reto es pasar, como dice R. B. Dilts, de una ‘competencia inconsciente’, es decir, saber hacer sin saber cómo se hace, a una ‘competencia consciente’, esto es, saber hacer y saber cómo se hace, a lo que se agrega que, como profesional, debe saber por qué se hace así y estar en capacidad de proponer nuevas formas de hacerlo futuras normas de desempeño laboral. Para impulsar el necesario cambio de cultura, las competencias profesionales pueden considerar modelos orientados a la metacognición conocimiento de lo que se conoce y de cómo se conoce y a la metacompetencia, entendida como la posibilidad de uso y desarrollo continuo de sus propias competencias. La metacognición es la base para orientar el ‘aprender a aprender’ y lograr la responsabilidad del individuo por su propio aprendizaje y adaptación permanentes.[1]»
[1] Carlos Rodríguez Lalinde, decano Escuela de Ingeniería de Antioquia
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