Educación Superior

BOLETÍN INFORMATIVO   
Nº 5
| octubre - diciembre | 2005  [ imprimir ] [ descargar boletín en formato PDF]  


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Competencias y reformas en la educación superior:

A la luz del enfoque de competencias, las instituciones de educación superior están dando inicio a importantes procesos de transformación.

Se trata de un proceso que apenas comienza, pero sobre el cual se discute cada vez con mayor asiduidad y compromiso, y en el que ya se pueden señalar tendencias. A la luz de la noción y el enfoque de competencias, las instituciones de educación superior están revisando el sentido de la formación que han brindado, el papel del docente, su formación y la necesidad de profesionalizarse, el lugar protagónico del estudiante, la estructura y el diseño de sus programas; están buscando la manera de ofrecer una formación integral, es decir, una que vaya más allá de sus campus, que se oriente al mundo y se proyecte en el tiempo. Algunas buscan compatibilizar el enfoque curricular tradicional con la modernización basada en competencias. La mayoría ha hecho diagnósticos y emprendido acciones: no pocas aluden a una especie de autismo y de saturación curricular; varias de ellas han creado equipos encargados de hacer una revisión profunda de sus programas, y no pocas, además, lo han hecho de la mano del sector empresarial y laboral.

Algunas tendencias

El siguiente es tan sólo un ejemplo, pero puede ilustrar bien la importancia que se le está dando al tema: en un lapso de escasos dos meses, entre junio y julio de este año, dos universidades del país, cada una por su lado, organizaron un seminario internacional sobre el tema de las competencias: la Universidad del Norte, junto con el Centro Interuniversitario de Desarrollo –CINDA–, sobre “El currículo universitario basado en competencias”; y la Universidad de Antioquia, sobre “Formación por competencias”[1].

La Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina), por ejemplo, encontró en el desarrollo de competencias la manera idónea de combatir la causa de lo que considera sus dos grandes fracasos: la imposibilidad de muchos aspirantes de ingresar a la universidad, por un lado, y la baja permanencia de los que sí lo lograban, atribuidos ambos a la brecha entre la educación media y la superior; la Universidad de Talca (Chile) promovió talleres con egresados y empleadores para determinar las competencias claves y hacer una revisión exhaustiva de sus currículos; la Universidad Industrial de Santander (UIS) hizo lo propio, teniendo como punto de partida al sector laboral (con éste hicieron el experimento de rediseñar una asignatura básica de las ingenierías); la Universidad del Pacífico (Lima, Perú), tras emprender la renovación curricular basada en competencias, replanteó la labor del docente y rescató al estudiante como centro del aprendizaje: el 65% de sus cursos y el 23% de sus seminarios han sido reestructurados.

Educación superior y mercado laboral: un diálogo cada vez más fluido

No en vano, como se dijo, las competencias tuvieron un trasfondo netamente laboral, pues si en efecto se puede hablar ya de la influencia del enfoque de competencias en la educación superior, habría que añadir que una de las formas en las que esta influencia se manifiesta es en la tendencia que está mostrando la relación entre el mundo de la educación superior y el laboral. Si antes era prácticamente inexistente, ahora las demandas y necesidades del sector laboral empiezan a hacer presencia en las reflexiones, análisis y revisiones que hace la educación superior de sus políticas, y ya comienzan a incidir en la transformación de no pocas instituciones de educación superior. Éstas, y el sector en general, manifiestan una creciente preocupación y un marcado interés por la transición de los graduados de la educación superior al mercado laboral, por identificar cuáles son las competencias que éste demanda y cuáles las que en efecto aquélla ofrece. En este sentido, hay iniciativas en marcha: la metodología de la encuesta cheers, a la que en 1999 respondieron graduados, empleadores y académicos de Europa (ver en el recuadro el análisis que de sus resultados hizo José-Ginés Mora, de la Universidad Politécnica de Valencia), se aplicará en Colombia y en algunos países de América Latina mediante el proyecto “Proflex: El profesional flexible en la sociedad del conocimiento”[2]. Sin duda, la aplicación y el análisis de los resultados de una encuesta de estas características en el país y la región tendrá importantes repercusiones en la relación del sector de la educación y el laboral, e impulsará y afianzará los cambios que ya comienzan a gestarse.

ENCUESTA CHEERS

La encuesta CHEERS preguntó cuáles eran los aprendizajes y actividades en los que según los egresados la universidad había hecho mayor énfasis, y cuáles, también según ellos, el mundo laboral demandaba. A los académicos y empleadores, por su parte, les preguntó cuáles aprendizajes y actividades consideraban más importantes. Los resultados revelaron un marcado déficit en ciertas competencias (la universidad no formó a sus estudiantes en las competencias que luego el mundo laboral les demandaría), un superávit en otras, y un desfase o brecha entre lo que valoran los graduados, los académicos y los empleadores.

Según los egresados, la universidad hizo especial énfasis en las teorías y conceptos, asistencia a clase, importancia del profesor como fuente de información, optatividad, aprendizaje independiente, hechos y conocimiento instrumental, y menos énfasis en el aprendizaje basado en problemas y proyectos, y en las actitudes y habilidades socio-comunicativas. Competencias con déficit: capacidad de negociación, planificación, coordinación y organización, asumir responsabilidades, tomar decisiones, administración del tiempo, trabajar bajo presión, razonar en términos económicos, liderazgo, habilidad para resolver problemas, habilidad en comunicación oral; en cambio, los conocimientos generales, el conocimiento teórico de un área específica, las habilidades de aprendizaje y el dominio de lenguas extranjeras registraron superávit, es decir, las recibieron en buenas dosis en la universidad, pero el mercado laboral no necesariamente correspondió al interés. Se pudo establecer también a qué competencias paga más el mercado: asumir responsabilidades y tomar decisiones; planificar, coordinar y organizar; habilidad para resolver problemas; trabajar bajo presión; habilidad en comunicación oral. El rango salarial baja cuando se trata de las siguientes competencias: trabajo en equipo, iniciativa, pensamiento crítico, habilidad en comunicación escrita, conocimiento metodológico en un área determinada y conocimiento teórico de un área específica.



[1]     Las memorias de estos seminarios se pueden consultar en www.uninorte.edu.co/seminariocinda y www.udea.edu.co.

[2]     El proyecto, liderado por José-Ginés Mora, fue presentado en octubre del 2004 a la Comisión Europea, a los proyectos Alfa. La Universidad del Norte y la Nacional hacen parte del grupo de universidades latinoamericanas participantes. El análisis de las competencias de los graduados universitarios, uno de los aspectos en los que “Proflex” se centrará, permitirá obtener resultados sobre la educación superior y el empleo de los graduados en diversos países de Latinoamérica; sus indicadores servirán como referencias internacionales y facilitarán la comparación del mercado laboral de graduados en la región.

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