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I
Formar
para una cultura internacional |
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Salvador
Malo, director general del Centro Nacional de Evaluación
para la Educación Superior, Ceneval, de México, visitó
Colombia a mediados de mayo. Por su experiencia, es
una voz autorizada para hablar de internacionalización
y calidad. |
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| Salvador Malo fue uno de los
delegados de México para llevar a cabo la firma del tratado, hace
ya diez años, entre su país, los Estados Unidos y Canadá; es un experto
conocedor del sistema de educación mexicano, y de los sistemas educativos
de América Latina y el mundo. Ha participado como evaluador de la
calidad de la educación en distintas universidades y ha sido invitado
como par internacional por el Consejo Nacional de Acreditación, CNA,
de Colombia.
En el último año, Malo ha venido impulsando, junto con un grupo
de académicos latinoamericanos, un acercamiento entre nuestras universidades
y las europeas a través del proyecto Seis por cuatro (“Seis profesiones
en cuatro ejes, un diálogo universitario”), que cuenta con el respaldo
de la Unión Europea. Este físico, de formación, se ha propuesto
generar una reflexión en torno a la práctica educativa en nuestros
países, como una urgencia en estos momentos cuando Europa se prepara
para un gran cambio en su sistema educativo. En este contexto, dialogamos
con Salvador Malo.
¿Qué incidencias tiene la internacionalización
de la educación en este proceso?
“Hay fuerzas a nivel internacional que inciden en la educación superior,
como la globalización, las tecnologías de información y comunicación,
la dinámica del conocimiento; están cambiando las profesiones y
los sectores de ocupación y eso obliga a que las universidades estén
reflexionando cómo debe ser la educación en el siglo XXI a diferencia
de cómo era en el XX”.
Frente a las transformaciones que ha venido
teniendo la educación superior, garantizar la calidad es un punto
cada vez más importante. ¿Cómo ha asumido México este tema, en el
cual usted participa como director de Ceneval?
“Desarrollando muchos esquemas. Ceneval es una asociación civil
independiente, integrada por 20 instituciones que representan los
cuatro sectores que deben incidir en la educación superior: instituciones,
asociaciones de universidades, academias y gobierno, sólo nos falta
el sector empresarial. Se creó hace diez años con el propósito de
medir las destrezas, habilidades y conocimientos adquiridos por
los estudiantes. No evalúa instituciones ni programas, evalúa los
resultados de la educación. Ceneval vende los servicios, en 2003
el presupuesto fue de 21 millones de dólares, el año pasado hizo
cerca de 3 millones de exámenes, en tres niveles: preuniversitario,
de ingreso a la educación universitaria y a los que salen con título
profesional.
“Por otra parte, el Gobierno generó el Consejo para la Acreditación
de la Educación Superior, que regula quiénes pueden acreditar programas
académicos, y muchos organismos lo hacen por especialidad. También,
se está trabajando con los colegios profesionales para que desarrollen
las certificaciones periódicas de profesionales, que verifican,
a través de una prueba que se aplica cada cinco años, si los profesionales
en ejercicio se mantienen al día y conservan calidad”.
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 Salvador
Malo |
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¿Qué conexiones establecen los modelos de
evaluación de la educación mexicana con la internacionalización?
“En este momento ninguno, pero
cada vez va a ser más importante que se relacionen las evaluaciones
no sólo desde el punto de vista teórico, sino de forma cruzada.
Si bien el Ceneval no está evaluando instituciones, al tener los
resultados de los estudiantes podemos evaluar a la institución mucho
mejor que a través de otros mecanismos, ya que se miden los resultados
del proceso educativo, no el diseño de los programas, y podemos,
comparativamente, decir cómo están saliendo los jóvenes de una institución
en relación con otra. Pero estamos lejos de hacer una comparación
de la calidad a nivel internacional. No hay estudios de esta naturaleza
para la educación superior, los hay para la educación media. Parte
de lo que estamos buscando con el proyecto Seis por cuatro es lograr
que los latinoamericanos podamos definir competencias profesionales”.
¿Cómo debe prepararse
un sistema educativo para entrar a un tratado de libre comercio?
“Estableciendo las condiciones que de alguna manera le van a permitir
garantizar que la práctica de externos extranjeros en el país va
a ser de la misma calidad o superior y que se va a dar en condiciones
de competencia leales. En México eso fue complicado porque no hay
reglamentación que asegure que aquellos que vienen a ejercer en
el país tengan condiciones iguales a las nuestras. Por ejemplo,
los contadores están diseñando un examen para aplicarles a los extranjeros
y saber si están preparados para desempeñar la contaduría en nuestro
país, si saben las leyes, los reglamentos y las prácticas mexicanas,
les están pidiendo que ellos sean iguales que nosotros. Por otro
lado, hay que prepararse para las nuevas formas de educación superior
en México, no tenemos leyes sobre el uso de internet ni leyes que
digan el nivel de participación de instituciones educativas en forma
de empresas. Todo está en construcción”.
¿Cuál es su balance,
en diez años, del tratado México, Estados Unidos y Canadá?
“Mi balance general del Tratado de Libre Comercio es positivo, eso
no quiere decir que nos haya ido bien en todo. Pero de otra manera
hubiéramos tenido problemas de falta de empleo aún mayores que los
que tenemos ahora, con una economía de menor crecimiento y falta
de contacto con el mundo. Creo que hemos desaprovechado el mercado
más grande y la nación con más conocimientos tecnológicos. Hemos
dejado que sean los americanos quienes pongan las maquilas y las
fábricas en México, que decidan ellos cómo quieren invertir en lugar
de tomar nosotros una posición y aprovechar más el tratado. Quitar
las barreras trae beneficios, pero se tiene que hacer más que eso.
Nosotros no hicimos el esfuerzo que debíamos haber hecho para que
el tratado tuviera mayores beneficios.
¿Qué puede aprender Colombia de la experiencia
mexicana?
Si algo debían aprender de México
es a no hacer lo que nosotros hicimos, que hicimos muy poco. Se
debe aprovechar que haya un proceso gradual y que las instituciones
de educación se preparen mejor para cuando se dé una apertura total
puedan competir con mayor solidez y seguridad. Nadie conoce mejor
su sistema de educación superior que los propios colombianos, entonces,
tienen una ventaja en la competencia internacional, pero no por
ello se pueden quedar dormidos en los laureles.
¿Qué representaría el hecho de que
nuestros países se resistan a la internacionalización?
Si no nos incorporamos a la dinámica mundial,
si no aportamos a los paradigmas universales, si no damos conceptos
nuevos, cada vez nos vamos a quedar más como una civilización atrasada,
como objeto de estudio sociológico. La forma de contribuir a la preservación
de nuestra cultura es, curiosamente, educando para competir en la
cultura internacional. |
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