| Colombia cuenta con un modelo
de acreditación de alta calidad para la educación superior que, por
sus exigencias, metodología y naturaleza del Consejo, es particular
en Iberoamérica. Consiste en una acreditación temporal que las instituciones
solicitan por voluntad propia y les exige un riguroso proceso de revisarse
y abrir sus puertas a profesionales externos para que verifiquen si
cumplen con los requisitos de calidad y llevan a cabo sus objetivos.
El Sistema Nacional de Acreditación se empezó a construir hace
ya más de una década. Se creó mediante la Ley 30 de 1992, junto
con el Consejo Nacional de Acreditación, CNA, recoge experiencias
de otros países y posee legitimidad dentro de la comunidad académica,
nacional e internacional. El CNA sigue las políticas que fija el
Consejo Nacional de Educación Superior, Cesu, órgano que, además,
elige los consejeros (siete representantes de las comunidades
académicas y científicas) para un periodo de cinco años. El CNA se instaló por primera
vez en julio de 1995. Sus esfuerzos
iniciales se dirigieron a
plantear lineamientos de autoevaluación
y acreditación y a someter
a consulta dentro de la comunidad
académica las políticas de evaluación
de alta calidad. Los cinco
años siguientes se concentraron en
implementar la evaluación de programas;
a la fecha, 228 han
obtenido acreditación, de éstos,
nueve la han renovado, y se encuentran
en proceso 403.
Durante estos años, el CNA se ha constituido en un apoyo permanente
en la formulación de políticas de calidad, puesto que también ha
participado en la definición de condiciones mínimas y sus conceptos
han sido fundamentales para la acreditación de numerosos programas.
En 2000 amplió su campo de acción a la evaluación de instituciones
(cuatro en el momento y 13 en camino). Ahora el CNA trabaja también
en la acreditación de maestrías y doctorados.
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Dentro
de la complejidad del concepto, el CNA se aproxima a la calidad
como algo multidimensional, con referentes universales, que se construye
socialmente y depende del entorno. Toma en cuenta características
universales de la educación superior, características genéricas,
correspondientes al prototipo ideal definido históricamente como
realización óptima de institución, y características propias del
proyecto institucional y educativo.
Asimismo, entiende la calidad como un proceso
“que implica el despliegue continuo de políticas, acciones, estrategias
y recursos que, integrados en planes de desarrollo, promuevan el
cumplimiento de una misión y de un ideal de excelencia”, anota Virgilio
Niño, miembro consejero, y agrega: “La pertinencia, la eficiencia
y la eficacia de dichos planes deben evaluarse periódicamente en
el marco de un proceso de autorregulación, cuya expresión visible
ante la sociedad y el mundo académico es la acreditación temporal
y su continua renovación”.
Visto así, el proceso de acreditación trae
beneficios tanto a nivel de instituciones como de la comunidad.
Es claro que contribuye al mejoramiento sustantivo de los programas,
y en este aspecto se observa una tendencia a buscar la interdisciplinariedad,
racionalizar el currículo y adoptar el sistema de créditos académicos.
De igual manera, propicia el trabajo en red entre facultades e instituciones,
dentro y fuera del país, y la creación o consolidación de sistemas
de información actualizados y confiables.
Otro aporte significativo del proceso de
acreditación se encuentra en la autoevaluación, un trabajo arduo
de casi un año, que llevan a cabo las instituciones de manera participativa y sistemática, en donde
dialogan los distintos estamentos (académicos, estudiantes, administrativos).
Por lo general, la autoevaluación conduce a clarificar
y reconocer la misión y el proyecto institucional y termina incorporándose
a los procesos de planeación y seguimiento como una herramienta
para orientar decisiones internas.
No cabe duda de que el trabajo del CNA ha
contribuido a la consolidación del sector, en cuanto ha generado
la necesidad de implementar sistemas de autorregulación y calidad,
y el compromiso social de rendirles cuentas a los ciudadanos.
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| El
proceso de acreditación |
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Con la solicitud formal de evaluación, la Institución enviará
al CNA una comunicación donde describa 12 condiciones iniciales
o estándares básicos que exige cumplir el CNA y que son complementarias
y distintas a las Condiciones Mínimas de Calidad que fija el
Decreto 2563 de 2003 como requisito para obtener el Registro
Calificado. • Una comisión del CNA, formada por miembros consejeros, verifica
que las condiciones iniciales se cumplan. • La comisión informa al CNA en sesión plenaria, donde se decide un
cronograma para que la institución lleve a cabo la autoevaluación. • Terminada la autoevaluación, la Institución la envía al CNA y éste designa los pares académicos, nacionales e internacionales según
los requerimientos. |
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• Los pares
académicos llevan a cabo la verificación y la evaluación a través
de los documentos e in situ, e informan al CNA antes de la evaluación
final, para que se pronuncie ante el Ministerio de Educación
Nacional. • Finalmente, se lleva a cabo la evaluación que se presenta a la institución
antes de dar un concepto al Ministerio de Educación para
que emita la resolución correspondiente otorgando la acreditación. • Para que una Institución pueda solicitar la Acreditación, no debe
haber sido sancionada en los últimos tres años. |
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