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INTERNACIONAL |
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Australia
y Chile:
distantes
y eficientes |
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El
crédito estudiantil en Australia y los incentivos
al sector privado en Chile son estrategias de financiamiento
para la educación superior que, aunque disímiles,
traen buenos resultados en el momento de medir cobertura. |
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Durante
1989 Australia implementó un modelo de financiamiento de la
educación superior pública que en la actualidad siguen,
a su manera, México, Ruanda y Etiopía, y que llama la
atención de países con bajos índices de cobertura.
El modelo australiano se desarrolla bajo una modalidad de crédito
estudiantil cuya regla de cobro se sustenta en la capacidad de pago
del egresado mediante un recaudo similar al del sistema impositivo.
Para acceder al préstamo, el estudiante establece un contrato
con la oficina de impuestos que le obliga a reembolsar al Estado un
porcentaje de los dineros correspondientes a los gastos de matrícula
(no superior al 26%), siempre y cuando exista ingreso laboral y este
supere un nivel predeterminado. Adicionalmente, paga una sobre tasa
que garantiza el seguro, ya que siempre existe el riesgo de no concluir
los estudios, aunque el estudiante que deserte tenga la obligación
de pagar la matrícula.
Este mecanismo de financiación ha permitido incrementar los
recursos del sistema educativo australiano. “Con su implementación,
los ingresos crecieron rápidamente, el dinero se depositó
en un fondo, se devolvió a las universidades, y hoy el sistema
es más grande”, explica Bruce Chadman, director del Centro
para la Investigación de Economía Política de
Australia y profesor de la Escuela de Investigaciones de la Universidad
Nacional de Australia. Y agrega: más grande y equitativo. Entre
1991 y 2000 ese país aumentó el número de estudiantes
universitarios en un 30%, “los cupos para la población
de menores ingresos crecieron en la misma proporción de otros
estratos”. |
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Según
el profesor Chadman, la diferencia entre este tipo de préstamo
y un crédito bancario consiste en conocer cuáles
serán los ingresos a través del tiempo, y su eficiencia
radica en tener una administración sana y acceder a un
sistema de seguimiento confiable, que en Australia se aplica
como si se tratara del impuesto a la renta y el empleador tiene
la obligación de descontar el porcentaje y remitirlo
a la oficina de impuestos. Es necesario entender, dice Chadman,
que al comienzo, cuando se ingresa al mercado laboral, hay inestabilidad
pero luego la persona se mantiene en cierto nivel del mercado.
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Precisamente
el sistema de cobro ha hecho que otros países interesados en
el modelo piensen dos veces antes de adoptarlo, especialmente aquellos
que presentan ingresos muy bajos, altos índices de desempleo
y poca capacidad de pago. Sin embargo, asegura Chadman, el desafío
internacional frente a la educación superior es compartido
y se hace necesaria la intervención del Gobierno en el mercado
de crédito aunque esto cause riesgos e incertidumbres.
Así mismo, para mantener un alto índice de calidad en
la educación, Australia ha implementado un sistema de referenciación
que permite comparar universidades públicas según el
nivel de complejidad, y evaluar iguales contra iguales; en otras palabras,
universidades con un enfoque de investigación se equiparan
con sus similares y no con instituciones que están dedicadas
exclusivamente a la enseñanza. El sistema evalúa 67
áreas y define qué puede considerarse un ejemplo a seguir.
Este mecanismo de evaluación se considera “objetivo”
y con buenas prácticas, en particular porque examina la rentabilidad
de la educación pública no sólo desde su carácter
económico sino también social.
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El esquema chileno
El modelo australiano dista notablemente del chileno. Chile es uno
de los países con mayor participación de aportes privados
en la financiación de la educación superior, estos representan
el 75% de los aportes totales al sistema, promedio que supera con
creces a Argentina, 25.7% y México, 12.1%. En contraste con
otros países donde los estudios de educación superior
son financiados en su totalidad por el Estado, el gasto público
chileno en educación superior es tan sólo del 0,5% del
PIB.
La alta participación del gasto privado en el sistema chileno
es el resultado de dos décadas de implementación de
un marco regulatorio, que se fundamenta tanto en el diseño
y la aplicación de incentivos para incorporar al sector privado
a la prestación de servicios de educación superior,
como en la promoción de la competencia entre las instituciones
que forman parte del sistema.
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Una estrategia adoptada para fomentar la competencia entre entidades
de educación superior públicas y privadas es la asignación
de los aportes fiscales indirectos. Desde 1989 el Estado direcciona
recursos financieros oficiales a instituciones de educación
superior que incorporen los estudiantes con mejores resultados en
las Pruebas de Aptitudes Académicas (examen similar a las Pruebas
de Estado del Icfes en Colombia). Es así como en 2002 el recurso
asignado a las universidades bajo este mecanismo alcanzó el
8% del presupuesto estatal en educación superior.
El Estado espera que, al ser los estudiantes quienes escogen las instituciones,
éstas se vean obligadas a competir con programas de alta calidad
y reconocimiento. Sin embargo, frente a la calidad de la educación
superior, el gobierno chileno ha emprendido recientemente una reforma
institucional, que busca implementar un sistema nacional de aseguramiento
de la calidad y rediseñar los esquemas de financiación
que puedan soportar una cobertura del 50% para el año 2012,
aunque la cobertura ha venido creciendo: entre 1992 y 2003 pasó
de 16,3% a 30.2% para la población entre 18 y 24 años.
En materia de calidad, el gobierno de Chile espera implementar un
sistema de acreditación de programas de pregrado y posgrado,
así como un sistema de acreditación institucional. También
ha iniciado el montaje de un sistema de información que asegure
transparencia en la oferta académica y fortalezca la capacidad
de elección de los estudiantes.
De otra parte, la reingeniería del esquema de financiación
pretende apoyar tanto el pago parcial de matrículas como el
sostenimiento de los estudiantes de más bajos recursos. El
nuevo esquema se fundamenta en tres herramientas: el otorgamiento
de becas de méritos, asistenciales y de fomento institucional;
la recuperación de cartera morosa de créditos estudiantiles
por medio de incentivos tributarios y pago oportuno; y la asignación
de créditos por méritos estudiantiles y calidad institucional
combinado con instrumentos de ahorro programado.
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