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FINANCIACIÓN POR INDICADORES
El Gobierno Nacional financia en un 90% a 31 universidades estatales
que existen en el país, 20 de orden territorial y 11 nacional.
Con el propósito de estimular el mejoramiento de las instituciones
y permitir que las universidades con menores aportes tengan la oportunidad
de alcanzar estándares de calidad, a partir de este año
los recursos se asignan con base en indicadores y metas de cobertura,
calidad y eficiencia.
Para llevar a cabo la distribución se tienen en cuenta los
siguientes elementos de política:
• Se mantendrán los aportes totales de la Nación
al conjunto de universidades estatales establecidos en los Artículos
86 y 87 de la Ley 30 de 1992.
• Se distribuirá un porcentaje creciente de los recursos
en función de indicadores de desempeño y calidad.
Este porcentaje no podrá exceder el 12% del total de los
aportes, y será equivalente al 4% en el 2004, al 8% en el
2005 y al 12% en el 2006.
• Se elaborarán concertadamente metas, con base en
la misión institucional de cada Universidad y considerando
además de la situación académica y administrativa
actual de la institución, la definición y concertación
de planes de mejoramiento en lo académico, administrativo
y financiero.
• Para la distribución de ese porcentaje de los recursos
se analizará el logro de las metas definidas en dichos planes.
Teniendo en cuenta
lo anterior, el nuevo esquema de financiación basado en el
uso de un sistema de indicadores de desempeño por institución
busca:
• Asignar los recursos en función de la definición
y concertación de planes de mejoramiento en lo académico,
administrativo y financiero.
• Asignar los recursos en función del logro de metas
definidas en esos planes.
• Apoyar a las IES con menor grado relativo de desarrollo
que implementen planes de mejoramiento
y cumplan con las metas establecidas. |
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INDICADORES |
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Academia
en la balanza |
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A
través de un modelo de indicadores, concertado
con el Ministerio de Educación Nacional, las universidades
públicas se autoevaluan frente a sus pares y permiten
que la sociedad se
informe sobre su gestión. |
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La educación superior en Colombia reclama desde hace años
un sistema de indicadores que permita a las instituciones evaluarse,
a la sociedad hacerles seguimiento y al Gobierno orientar las políticas
de fomento y asignación de recursos. Sin embargo, siempre que
se habla de indicadores surgen inquietudes en torno a la simplicidadde
los mismos frente a la complejidad del objeto a medir. |
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Por eso, sólo
con la participación de las Instituciones de Educación
Superior, IES, es posible traducir en cifras su realidad. Fue así
como el Sistema de Universidades del Estado, SUE, conformó
una comisión técnica coordinada por cinco universidades
(Nacional de Colombia, de Antioquia, Industrial de Santander, del
Valle y Pedagógica Nacional), con el apoyo del Instituto Colombiano
para el Fomento de la Educación Superior, Icfes, y del Ministerio
de Educación Nacional, con la tarea de desarrollar un modelo
de indicadores de gestión, y la responsabilidad de socializarlo
regionalmente para que tenga legitimidad. |
| En el proceso
de concertación se encontraron factores de aproximación
conceptual y metodológica entre el Ministerio y el SUE y
hoy el modelo está terminado. Éste define un índice
de eficiencia que relaciona dos indicadores compuestos: índice
de capacidades académicas disponibles, ICAD, e índice
de resultados (IR).
El ICAD es una medida de tamaño y magnitud de los recursos
involucrados (humanos, físicos, económicos, administrativos
e infraestructura en general), que permite inferir un potencial
de ofertas, productos, resultados y fortalezas académicas
y administrativas que posibilitan a una institución alcanzar
niveles óptimos de desarrollo.
El ICAD se contrasta con un índice de resultados, que contempla
aspectos como cobertura (incremento de matricula anual, reducción
de la deserción), calidad (esfuerzos financieros en la formación
de profesores, porcentaje de docentes con maestría y doctorados,
fomento a la investigacióncientífica, programas con
acreditación de alta calidad), productividad académica
(producción intelectual acreditada), oferta (multidisciplinariedad
y complejidad de los programas).
De esta manera es posible que cada institución de educación
superior evalué la correspondencia entre capacidades académicas
disponibles y resultados, y mida la eficiencia sin dejar de lado
la complejidad, ya que toma referentes claros como multidisciplinariedad
de la institución, grupos y proyectos de investigación,
y programas acreditados de alta calidad.
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Recursos
y eficiencia
El nuevo esquema orienta a las Instituciones de Educación Superior
y al Gobierno Nacional en la toma de decisiones que conduzcan a un
uso más eficiente de los recursos, impulsen el mejoramiento
de su gestión, corrijan las disparidades regionales en la asignación
de los aportes de la Nación, logren los objetivos del Plan
de Desarrollo y fomenten la rendición de cuentas a la sociedad
por parte de las Instituciones.
A partir de este año los recursos se asignan de acuerdo con
el desempeño. Es decir, se modifica el esquema de financiación
de las Instituciones de Educación Superior Públicas
que establecía la Ley 30 de 1992, cuya base era un crecimiento
inercial del presupuesto vigente mediante un incremento al IPC, de
tal forma que mantenía su valor en pesos constantes.
Esta asignación inercial de los recursos ha tenido dos consecuencias
principales: el presupuesto de las IES se incrementa automáticamente
sin tener en cuenta criterios de eficiencia en el uso de los recursos,
el cumplimiento de metas institucionales y las políticas sectoriales,
y la asignación de los recursos bajo este esquema perpetúa
una estructura en la distribución de los mismos que favorece
a aquellas instituciones que en 1992 tenían mayores aportes.
Para avanzar en ese camino, la Ley 812 de 2003, por la cual se aprueba
la Ley del Plan Nacional de Desarrollo, estipula en su Artículo
84 que “a partir de la vigencia de la ley, se concertará
y acordará con los rectores de las universidades públicas,
nacionales y territoriales los criterios y el procedimiento de una
redistribución, basada en indicadores de gestión, de
un porcentaje del total de las transferencias”, [...] “porcentaje
[que] no podrá exceder el doce por ciento (12%)”.
La Revolución Educativa se acerca así a un esquema de
financiación de las Instituciones de Educación Superior
Públicas que se soporte en la evaluación, pero mediante
el uso de indicadores de desempeño que tengan en cuenta la
heterogeneidad de las instituciones y sus niveles relativos de desarrollo.
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